Ambas alumnas conviven con una discapacidad auditiva, compartieron con los asistentes cómo es su día a día, los retos a los que se enfrentan y, sobre todo, cómo superan las barreras cotidianas con naturalidad y esfuerzo.

Su testimonio permitió entender mejor la importancia de la inclusión real y de herramientas como el lenguaje de signos o los apoyos visuales para facilitar la comunicación.

Fue, sin duda, una experiencia muy enriquecedora que nos recordó que la diversidad es lo que nos hace crecer como centro. Agradecemos profundamente a Liz, Daniela y Mariví su generosidad al abrirnos su mundo y ayudarnos a construir un entorno más empático y accesible para todos.

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